El investigador Juantxu Zorrilla ha tenido la amabilidad de dejarnos publicar su ponencia sobre José De Los Heros, el último alcalde republicano de Balmaseda. Se trata de la charla que ofreció el pasado 23 de mayo sobre esta figura tan poco conocida en el II Congreso sobre la Guerra Civil y la Represión en Las Encartaciones, celebrado en el Museo de Las Encartaciones. Juantxu nos cuenta que De los Heros le causó una honda impresión, entre otras cosas, porque fue fiel a la democracia y ello le costó sus negocios, la ruina, su familia, exilio y posterior condena. Aquí os dejamos la ponencia completa:
0. INTRODUCCIÓN
Arratsaldeon guztioi.
Antes de nada, quiero dar las gracias al Museo de Avellaneda por invitarme a presentar esta ponencia sobre José de los Heros Santiago, último alcalde democrático de la República en Balmaseda. Es un honor para mí defender la figura de un gran hombre, un ilustre de Balmaseda que, setenta y un años después de su muerte, todavía está esperando a ser reconocido como tal.
También quiero aprovechar para dedicar esta ponencia a mi gran amigo Koldo Gallarreta, cronista de Zalla, euskaltzale amorratua, fallecido recientemente, el cual me apoyó y contribuyó activamente en esta investigación.
Koldo, eskerrik asko.
Cuando el año pasado investigaba sobre la Memoria del ferrocarril en las Encartaciones, con vistas a realizar una publicación, me topé en Balmaseda con la figura de Heros: un notable empresario, un hombre innovador que, entre otras facetas, estuvo muy vinculado al mundo del ferrocarril a principios del siglo XX. La vida y obra de Heros me interesaron profundamente, y cuanto más tiraba del hilo más cuenta me daba de que estaba ante un hombre extraordinario que merece, sin duda, mucho más reconocimiento del que ha recibido.
Hoy voy a contarles su historia. Toda su historia. Y a lo largo de esta ponencia quiero volver una y otra vez sobre cuatro ideas que querría que se llevaran de aquí grabadas en la memoria.
EN PRIMER LUGAR: Heros fue un constructor. Antes de ser alcalde, puede decirse que contribuyó decisivamente a la economía de Balmaseda
EN SEGUNDO LUGAR: Heros eligió el deber cuando otros muchos, la mayoría, miraban hacia otro lado.
EN TERCER LUGAR: Heros protegió siempre a los más vulnerables, incluso a los que podía considerar sus adversarios.
…Y FINALMENTE: Heros lo perdió todo por sus convicciones. Todo. Y aun así, no se doblegó.
I. EL HOMBRE Y EL CONSTRUCTOR
José de los Heros nació el 7 de enero de 1872 en Balmaseda. Era el último de los siete hijos de José de los Heros y Lambarri y Manuela de Santiago, ambos comerciantes y vecinos de Balmaseda y El Berrón.
Fue un balmasedano de los de toda la vida: aficionado al fútbol, al monte, a la naturaleza. Casado con María Dolores González Taramona, tuvo tres hijas: María Eugenia, María José y María Isabel. Y aunque parezca un detalle menor, incluso encontró tiempo para producir txakolí con su propia marca. Era un hombre con raíces muy hondas en su tierra.
Pero pronto se convirtió en empresario, y qué empresario. Desde sus instalaciones en la calle de la Estación de Balmaseda dispuso de talleres de carpintería, almacenes, y desde 1929, las instalaciones de UMAS, Uniones Metálicas a Soldadura. Esas instalaciones fueron pioneras en la construcción ferroviaria mediante soldadura eléctrica.
Primera idea fundamental a recordar: antes que político, Heros fue, sobre todo, un constructor.
Para el incipiente Ferrocarril de La Robla construyó cuarenta y siete vagones de mercancías fabricados con esa técnica tan novedosa, entre 1930 y 1931. Ferrocarriles Vascongados le compró cuarenta vagones. Para la línea Santander-Bilbao, siete vagones de bordes altos, las llamadas 'cunas'. Y además de los vagones, construyó las estaciones de la Robla en Valmaseda, Sodupe, Zalla, Aranguren y Lutxana. Esa magnífica estación de Lutxana, renovada, va a ser la próxima sede del Museo del Ferrocarril en Bizkaia.
Pero su actividad no se limitaba al ferrocarril: el nuevo faro de Matxitxako en 1909; el tranvía eléctrico de Bilbao a Durango y Arratia; las centrales eléctricas del Cadagua en La Herrera y Bolunburu, en 1907 y 1909 respectivamente. Todo ello contribuyó al empleo y al desarrollo de las Encartaciones.
Y hay un dato más, que tiene mucho que ver con lo que vendría después. Una vez comenzada la sublevación, Heros se encargó en sus propios talleres de blindar un tren para el Gobierno de Euzkadi. Ese acto de lealtad le costó la cárcel a algunos de sus obreros, como Román Fernández. Heros lo sabía. Y lo hizo igualmente.
II. EL POLÍTICO: CONVICCIÓN Y COHERENCIA
Y es que por supuesto, y más allá de su faceta empresarial, no hay que perder de vista que la política siempre ocupó una parte importante de su vida. De familia monárquica y también nacionalista, Heros abrazó el nacionalismo y militó en el Partido Nacionalista Vasco.
Ya en 1910 fue denunciado por haber plantado el arbusto del árbol de Guernica en una finca de su propiedad. Una anécdota que dice mucho de quién era: alguien que en ningún caso guardaba sus convicciones para adentro.
Recopiló numerosas fotografías, dibujos e ilustraciones relacionadas con el nacionalismo. Parte de ese material eran obras de Luciano Quintana, 'Nik', quien ilustró el Libro de Oro de la Patria y el primer Aberri Eguna de 1932, junto a Julio Sarasua, 'Julsar'.
Luciano Quintana, como Heros, también acabaría exiliándose en Francia.
En las elecciones municipales del 2 de abril de 1931, Heros fue el concejal más votado en el distrito de San Juan. El alcalde elegido fue Luis González Taramona, y la corporación quedó con ocho concejales del PNV y cuatro monárquicos. Doce días después, el 14 de abril de 1931, se proclamaba la Segunda República.
En 1934, la corporación de la que formaba parte Heros se vio obligada a dimitir en bloque por su defensa del Concierto Económico Vasco y de la autonomía municipal, como hicieron tantos otros ayuntamientos vascos. Fueron inhabilitados, y en su lugar entraron Gestoras Municipales de corte monárquico liberal y centrista, contrarias a la constitución del régimen republicano.
Durante esa gestora, en 1934, el alcalde Salvador Ródenas prohibió las inscripciones en euskera en las lápidas funerarias. Quiero que piensen en eso un momento: prohibir a los muertos que descansen en su propia lengua…
El 21 de febrero de 1936, todos los cargos políticos fueron amnistiados, y apenas dos días después se constituyó el nuevo Ayuntamiento, recuperando a González Taramona para la Alcaldía. No sería para mucho tiempo ya que el 12 de junio, y sin dar ninguna explicación, González Taramona dejó la alcaldía y no volvió a incorporarse a su puesto.
El 14 de junio, apenas un mes antes del levantamiento, fue el concejal José de los Heros quien defendió en el pleno eliminar la prohibición de las inscripciones en euskera en las lápidas, y su propuesta salió adelante por unanimidad. El pleno aceptó permitir las inscripciones en cualquier idioma, “siempre que no afecten a la moral respecto al lugar”, en la que fue sin duda la última victoria tranquila antes de la tormenta.
III. EL PASO AL FRENTE: ALCALDE EN TIEMPOS DE GUERRA
Llegamos así al 18 de julio, y al estallido del levantamiento militar.
Balmaseda se enfrenta a su hora más difícil y la corporación necesita a alguien que dé un paso al frente.
Es José de los Heros quien lo da.
Recordemos la segunda idea clave: Heros eligió el deber cuando otros miraban hacia otro lado. Asumió la alcaldía en el peor momento posible, anteponiendo la responsabilidad pública a sus empresas, a su familia y a su propia seguridad.
Antepone a todo su deber democrático. Asume la Alcaldía y la Presidencia de la Junta de Defensa, constituida el 19 de julio de 1936 por el Frente Popular, Izquierda Republicana, la Agrupación Socialista, las Juventudes Socialistas Unificadas y el Partido Comunista. Heros, como alcalde y nacionalista del PNV, preside ese órgano plural en el que tienen cabida todas las sensibilidades del bando republicano.
¿Y qué hace en esos primeros días? Actúa con una pulcritud que contrasta dolorosamente con lo que vendría después. Se requisan automóviles y armas. Se confirman las facultades a la Guardia Cívica. Se informa al puesto de la Guardia Civil de la requisa del depósito de gasóleo. Se retira de los talleres de la Robla un vagón cargado con dinamita. Se insta a la Farmacia para que permanezca abierta y mantenga medicamentos a punto.
El 27 de julio de 1936, Heros se reúne en el Ayuntamiento con el Comandante de la Guardia Civil, el Comandante de Miñones, el Presidente del Frente Popular, el representante del PNV y el Secretario, para adoptar un plan de vigilancia de los accesos a Valmaseda. Dos días después, el 29 de julio, vuelven a reunirse con representantes de todos los grupos: Partido Comunista, Juventudes Socialistas, UGT, Izquierda Republicana, Solidaridad de Trabajadores Vascos y PNV. Todos firman y certifican.
El 13 de agosto, por decreto firmado por el alcalde Heros, se formaliza la incautación de armas y su entrega al Comité de Defensa. Las armas quedan depositadas en el Archivo del Ayuntamiento, con recibo firmado y sellado. Todo documentado. Todo con orden. Todo con legalidad.
Como alcalde en funciones, Heros asiste a los plenos del 14 de julio, agosto, 20 de septiembre, 4 de octubre, 20 de octubre y 3 de noviembre. Está en su puesto. Cumple.
Las Juntas de Defensa, instauradas por el Gobierno, tenían entre sus cometidos dar seguridad a la ciudadanía y ayudar a los refugiados que llegaban de otros lugares. Y llegaron muchos: de Durango, de Gernika, de Gipuzkoa. Llegaron tantos que la población de Balmaseda se duplicó. En la propia casa de los Heros se alojaron las familias de Morga, Arrieta y Mugika.
Tercera idea a recordar: Heros protegió siempre a los que eran más vulnerables. También a los religiosos. También a sus adversarios.
Heros y los nacionalistas se encargaron de custodiar a los religiosos que no habían huido de Balmaseda. Les dijeron a las monjas del Convento de Santa Clara que no se movieran. Las protegieron. Así lo confirma Rosario Osante en la Memoria Histórica de Balmaseda. Y así lo corroboró posteriormente el propio alcalde franquista Manuel Braceras, en 1940, en un informe favorable a Heros.
Tanto Heros, y socialistas como Manuel Puente, impidieron detenciones arbitrarias por parte de elementos incontrolados. Eso es importante recordarlo, porque después se intentó poner una sombra de duda sobre su actuación, inculpándole falsamente de permitir asesinatos de balmasedanos.
Los falangistas citaron en el juicio de 1944 las muertes ocurridas en el buque prisión Cabo Quilates y en la prisión de Larrínaga. Pero esos actos fueron cometidos por multitudes y marineros que asaltaron esos presidios tras los bombardeos indiscriminados a la población civil de Bilbao por los propios sublevados. Nada que ver con Heros. Nada que ver con la Junta de Defensa.
También se le achacó la muerte del sacerdote Pedro Asúa. Pero el padre Asúa no quiso permanecer en la Villa, donde estaba protegido, y fue detenido por incontrolados en Erandio y muerto en Liendo. No en Balmaseda. No bajo la responsabilidad de Heros.
En su juicio de 1944, Heros declaró que podían atestiguar su gestión el párroco Vicente Iturbe, el Padre Oleaga... y el alcalde franquista Manuel Braceras. Ese mismo Braceras que en 1940 había reconocido que Heros era cristiano y había evitado desmanes. Ese informe no fue tenido en cuenta.
Y hay un dato más que no puede quedar sin decir. Muchos de los miembros de la nueva corporación franquista que entró tras la toma de Balmaseda habían sido detenidos después del levantamiento por su adhesión a la sublevación: falangistas, carlistas, de Acción Popular, tradicionalistas. Algunos accedieron a la propia corporación sin haber sido represaliados. A diferencia de los balmasedanos que habían defendido el orden legal.
IV. EL GUARDIÁN DE LOS RESTOS DE SABINO ARANA
Hay un episodio en la vida de José de los Heros que guarda en silencio durante cincuenta y un años. Un secreto por el cual, de haber sido descubierto por los sublevados, con toda probabilidad su familia habría pagado un precio muy alto.
Durante los acontecimientos de 1936, Doroteo de Ziaurritz, Presidente del EBB y amigo personal de Heros, le plantea un problema urgente: los restos del fundador del PNV, Sabino Arana, han sido retirados de Sukarrieta ante el avance franquista y se hace necesario buscarles un lugar seguro. Su primo, el jeltzale Manuel Sainz de Taramona, abogado y miembro del EBB, se une a la petición.
Heros, ya alcalde electo, accede. Sin informar a su familia, decide custodiar los restos en el panteón de la familia Taramona y Sainz, en el cementerio de La Herrera. Era el lugar ideal: los tíos de la familia habían fallecido, los tres solteros, de modo que no iba a haber ningún enterramiento que pudiera descubrirlo.
Heros levanta personalmente un tabique para albergar los restos. Lo hace con sus propias manos. Y guarda silencio.
No sería hasta el 18 de diciembre de 1988 cuando esos restos fueron exhumados y se reveló al fin el destino que habían tenido durante cincuenta y un años. Más de medio siglo.
Desde el exilio en el País Vasco francés, Doroteo de Ziaurriz le dedicó una fotografía con un poema, el 23 de febrero de 1943. Quiero leerles ese poema, porque creo que describe perfectamente al hombre del que estamos hablando:
Señor Alcalde de Balmaseda (Masedibar)
Espejo de los exiliados
Con el paso del tiempo nada te puede disuadir y hacer olvidar
Con el cuerpo recto y la txapela a un lado
Con tu mirada alegre siempre has superado las dificultades con voluntad firme
Este tu amigo te dedica esta fotografía en tu memoria.
Con el cuerpo recto y la txapela a un lado. Ése era José de los Heros.

V. UNA TRAICIÓN EN LOS TALLERES: GOICOECHEA Y EL CINTURÓN DE HIERRO
Hay un hecho reseñable en Balmaseda, relacionado con el ferrocarril y con la política, del que se ha hablado mucho. Conviene contarlo bien, porque afecta directamente al final de la guerra en el frente norte.
Alejandro Goicoechea fue contratado en 1920 por los propietarios de La Robla, Pablo Callam y Guillermo de Barandiarán, como Jefe de Material y Tracción en los talleres de Balmaseda. El mismo Goicoechea que en 1926 había desarrollado el vagón fabricado enteramente con soldadura eléctrica, presentado en el Certamen de Trabajo de Bilbao en 1927.
En 1936, el Gobierno de Euzkadi ordenó el diseño del Cinturón de Bilbao, bautizado por los sublevados como el Cinturón de Hierro, al Comandante de Ingenieros Alberto Montaud Noguerol. Posteriormente, el 5 de octubre de 1936, ordenaron a Goicoechea ponerse al mando de la sección de Fortificaciones, junto con el capitán de ingenieros Pablo Murga como su segundo, pasando a formar parte del Estado Mayor del Ejército de Euzkadi.
Ambos eran quintacolumnistas. Durante sus trabajos, pasaron información a los sublevados y se dedicaron a entorpecer las obras y a ejecutarlas deficientemente. Pablo Murga fue descubierto cuando intentaba pasar documentos al bando franquista y fue fusilado el 12 de noviembre de 1936.
Goicoechea fue cesado de su cargo en La Robla por el Gobierno de Euzkadi mediante orden fechada el 29 de noviembre de 1936. Pero no le fue suficiente. El 27 de febrero de 1937 se pasó al bando franquista llevando consigo los documentos militares del cinturón y numerosos objetivos militares, incluido el aeropuerto de Sondika.
Esa traición tuvo consecuencias directas. El 12 de junio de 1937, los sublevados rompieron el Cinturón de Hierro, provocando un shock en el Gobierno de Euzkadi que decidió evacuar Bilbao. El último pleno del Ayuntamiento de Balmaseda durante la República había sido el 1 de junio. Heros no asistió y se convocó otro para el 13 de junio, aunque ya no llegaría a celebrarse.
El 29 de junio de 1937, los franquistas entraron en Balmaseda.
VI. EL EXILIO, LA RUINA Y EL REGRESO AL ABISMO
Llegados a este punto de la Historia, José de los Heros se ve forzado a marchar al exilio. Primero a Trucios, luego a Santander, desde donde parte hacia Baiona. Otros miembros de la Junta de Defensa no tienen esa suerte: a Manolín Puente y José Cordeiro, los franquistas los fusilan al tomar Balmaseda. Manolín Puente, que había protegido a los religiosos, que había impedido detenciones arbitrarias; a pesar de ello, no le salvó de ser fusilado.
Cuarta idea clave: Heros lo perdió todo por sus convicciones. La empresa, los bienes, la libertad, a su mujer. Pagó el precio más alto. Y aun así no se doblegó.
La maquinaria de la represión actuó sin piedad. Los sublevados publicaron un Decreto Ley de Incautación el 10 de enero de 1937. La Comisión Provincial de Incautación afectaba a cualquiera que hubiera hecho propaganda a favor del Frente Popular o del PNV, o les hubiera ayudado económicamente, o hubiera desempeñado cargos políticos.
En septiembre de 1938, la Junta Local Delegada de Incautación de Bienes en Balmaseda, presidida por Fabián González, exigió en un plazo de ocho días la relación jurada de todos los bienes inmuebles para su incautación. El nombre que encabezaba la lista era el de José de los Heros y Santiago. Un caserío. Tres huertas. Los talleres. Todo.
La Ley de Responsabilidades Políticas, promulgada el 8 de febrero de 1939, completó el expolio legal: pérdida de bienes, restricción de derechos, confinamiento, destierro.
Mientras tanto, en el exilio en Iparralde, Heros aprovecha para aprender euskera. Se ayuda del diccionario Euskal-Erdel-Iztegia de Bera-López Mendizabal, publicado en Tolosa en 1930. Incluso en la derrota, en la pérdida de todo, el hombre sigue construyéndose a sí mismo.
Su mujer, María Dolores, fallece en Balmaseda en mayo de 1938, pocos meses después del exilio de su marido. Según las conversaciones que recogió Koldo Gallarreta con la familia, murió de angustia y de pena por la situación creada tras el exilio.
En 1940, a petición de la familia, el alcalde franquista Manuel Braceras redacta un informe favorable a Heros. Reconoce que, aunque era de ideas nacionalistas y había sido alcalde, era cristiano y había evitado que se cometieran desmanes. Ese informe no fue tenido en cuenta en el juicio de 1944.
El 20 de diciembre de 1943, con setenta y dos años, José de los Heros regresa del exilio a través de Irún. El 22 de mayo de 1944 declara en Bilbao. El 15 de junio se le notifica auto de prisión y es internado en la cárcel de Larrínaga, la misma prisión donde los falangistas le habían acusado falsamente de haber permitido muertes.
En 1945, su hija Miren Teresa intenta reactivar UMAS comprando las participaciones al resto de socios. Ante el notario Víctor Iturregui Zugazaga, éste declara que desde 1937 las actividades han estado paralizadas, intervenidas por elementos extraños que se apropiaron ilegalmente de sus propiedades.
El 17 de noviembre de 1944, José de los Heros es condenado por REBELIÓN. Veinte años y un día de reclusión mayor, conmutada el 12 de diciembre a doce años y un día de reclusión menor. La pena quedaría formalmente extinguida el 19 de mayo de 1956.
Los que se habían sublevado contra el orden constitucional de la República condenaban por Rebelión a quien lo había defendido.
CIERRE
José de los Heros falleció el 18 de agosto de 1955 en Balmaseda. Está enterrado allí, y su lápida conserva, milagrosa y significativamente, el único epitafio en euskera de todo el cementerio:
Heros eta sendiarena. Urtzik batu begigu eskarran
"De Heros y su familia. Que nuestros ojos permanezcan unidos en la memoria"
Un epitafio sencillo para un hombre que no lo fue en absoluto.
Heros lo dio todo por su Villa, por Balmaseda. Dio un paso al frente cuando nadie más lo dio. Guardó un secreto de cincuenta y un años para proteger los símbolos de su pueblo. Protegió a los religiosos, a los refugiados, a los vulnerables, incluso cuando nadie le obligaba a hacerlo. Y pagó con su empresa, con sus bienes, con la libertad, con la vida de su mujer, con sus propios años de cárcel, el precio de haber hecho lo correcto.
Cuatro ideas. Un solo hombre. Y una deuda pendiente.
José de los Heros Santiago merece ser reconocido por la corporación actual de Balmaseda como Ilustre de la Villa.
Eskerrik asko.